
{Nota del autor: salvo donde me parece pertinente he visto innecesario ilustrar este texto, la mayoría de los ejemplos mencionados aquí están profusamente explicados e ilustrados en sitios y publicaciones.}
Con los años me di cuenta de lo privilegiados que habíamos sido. En muchas ocasiones, después de mucho conversar sobre el propio proyecto y los ensayos, los temas se bifurcaban amigablemente a viajes, música, comida. Se notaba que disfrutaba de conocer la cultura de origen de sus alumnos. Mi proyecto de entonces, Rayuela, le cautivaba en tanto que conexión con un universo literario (en este caso la novela homónima de Julio Cortázar), y recuerdo el empeño que ponía Gerard en pronunciar correctamente “Rayuela” acentuando la “y” como si fuera “sh”. Entonces le explicaba la diferencia de pronunciación entre un argentino de Buenos Aires y un argentino de Córdoba: mis amigos de Buenos Aires no pueden detectar la diferencia entre un “Sean” Penn y un “John” Lennon. Ese tipo de matices gustaban a Gerard y los captaba inmediatamente.
En las librerías de Ámsterdam después comprendería mejor el sentido de pertenencia cultural de los holandeses, históricamente asediados por grandes potencias, de su justificado orgullo en sostener su cultura y su idioma a través de los siglos. Años después, conociendo mejor su contribución gráfica y tipográfica al mundo, he intentado transmitirlo a mis alumnos. Una de las figuras centrales en ese rompecabezas es sin duda la de Gerard Unger.
Ámsterdam
En el 2000 hice mi primera y muy curiosa visita a Holanda. Entre otros varios sitios estuve en Den Bosch, al sur, visitando a Hans van Leeuwen y Marie Therese Koreman, titulares de Visualogik, una empresa de producción digital de fuentes. Me mostraban dibujos a lápiz en papel vegetal hechos por el gran José Mendoza cuando de pronto suena el teléfono, era Unger. Hans le cuenta que un alumno suyo (yo) estaba allí, Unger le pide que me pase el teléfono: “Alejandro, ¡¿qué diantres estás haciendo ahí?!”, fue muy graciosa esa reacción a una noticia tan inesperada. Le conté que había conocido a los Visualogik en Barcelona en una reunión con Rubén Fontana y Wolfgang Hartmann (Fundición Neufville). En 1997 los Visualogik habían desarrollado junto a Gerard una tipografía para la señalización de rutas en Holanda (ANWB) y también ayudaban a Gerard en la post-producción de sus fuentes. “Bueno, cuando estés de regreso en Ámsterdam llámame”.
Gerard fue muy atento entonces y nuestro encuento muy enriquecedor para mí. Me llevó a un club social que frecuentaba (ya no recuerdo el nombre claro), un sitio elegante y bohemio donde poetas y artistas se juntaban a beber y arreglar el mundo. Unger fumaba un puro mientras me presentaba a su cofradía como su alumno argentino en Reading. Hacía poco tiempo que él viajaba a Inglaterra para dar clases y era evidente que le complacía contarlo a sus colegas. Después de un buen rato de no seguir entendiendo nada del idioma holandés, nos fuimos a almorzar a un resto muy popular donde decía servían el mejor pescado. El mantel era de papel y dibujamos ahí para explicar cosas. La conversación giraba en torno a preferencias personales y anécdotas de vida. A Unger le interesó saber que yo había trabajado en algunos diarios y revistas de Buenos Aires antes de embarcarme a Reading para la maestría. Me dijo: “Alejandro entonces tienes que aprovechar esa experiencia y ¡diseñar tipos para periódicos!”. Al fin me preguntó si me importaba mojarme, “claro que no”, y caminamos muy tranquilamente varias cuadras bajo la llovizna intensa típica de esa región del mundo tan poco favorecida en clima. Me detuvo frente a una esquina: “Pensé que te interesaría ver esto” me dijo señalando en lo alto una placa que advertía (bien clarito en húngaro y holandés) que en ese edificio había vivido y trabajado el gran Miklós Kis. Como es sabido, el legendario punzonista e impresor transilvano grabó allí una tipografía muy hermosa, considerada quintaesencia del barroco holandés, y probablemente la más usada en Occidente para componer literatura. [^La obra de Kis estuvo siempre erróneamente bautizada como “Janson Text” hasta que las investigaciones de György Haiman y Harry Carter revelaron su verdadera autoría.] Trágicamente no tenía mi cámara conmigo (en el 2000 estábamos lejos aun de los celulares), y cuando regresé al día siguiente temprano con la promesa de encontrar la esquina, perdí el rumbo, se me hizo tarde y casi pierdo también el avión de regreso a casa.



De entre los admirados de Gerard los cartelistas franceses ocupaban un lugar entrañable porque poblaban el paisaje de sus vacaciones infantiles. El mensaje de Quinquina St-Raphaël de Charles Loupot era claramente una imagen preferida. Luego venían Excoffon y Dwiggins, de quienes supongo admiraba el sentido de rebeldía, con el que probablemente se sentía afin.


Dwiggins
Otra gran preferencia personal de Unger era William Addison Dwiggins (WAD), cuya personalidad ya está muy difundida hoy a partir de varias monografías, en particular el completísimo e impresionante libro de Bruce Kennet. [^W. A. Dwiggins: A Life in Design, San Francisco: Letterform Archive, 2017. El mismo fue objeto de un proyecto Quickstarter de financiamiento colectivo muy exitoso.] Sin embargo al año 2000 era muy poco lo que se podía encontrar, fuera de los dos pequeños volúmenes Postscripts on Dwiggins de los Typophiles, un capítulo en el libro de Walter Tracy Letters of Credit, y algunos pocos artículos.




Dos famosos tipos para libros de WAD: izquierda, Electra. Derecha, Caledonia. En Electra el “efecto marioneta” es drástico, el anillo superior en g no continúa naturalmente su modulación. El arco de n es súper horizontal. En Caledonia el efecto marioneta es sutil: la salida inferior de a tiene un peso y masa intencionalmente incongruente en relación al anillo. El ensamble final en la cola de g no “respeta” una lógica caligráfica. En n, el encuentro de arco y fuste derecho deja una forma exterior redonda y una interior más cuadrada, etc. Unger reconocía en WAD a una de sus grandes influencias.
La gran admiración de Unger por WAD queda bien manifiesta en el artículo que escribió sobre la “Experimental No. 223, a newspaper typeface, designed by W. A. Dwiggins” donde refiere aspectos históricos, técnicos y de diseño de las tipos del llamado “legibility group” (la serie de tipos desarrollados por Mergenthaler Linotype para ser usados en periódicos, mediante linotipía claro), pero también se extiende en aspectos humanos, como la disparatada correspondencia que inició WAD con Chauncey Griffith (Griff), jefe de desarrollo tipográfico de la Merghenthaler Linotype, y que mantuvieron por 20 años. El interés que Dwiggins demostraba en diseñar una tipo para periódicos parece haberse continuado naturalmente en Unger. Y pienso que en particular sobre Excoffon y Dwiggins, quizás a Gerard le atraía el costado rebelde e inclasificable de sus personalidades.
Prensa diaria
Nada sorprende del hecho que Unger se haya inclinado por diseñar mayoritariamente tipos para periódicos. Sumado a su pragmatismo y a la admiración por el trabajo de Dwiggins ya referido, existe una afinidad en su estilo personal, pulcro y preciso, que es compatible con las necesidades de comunicación de los medios periodísticos. Estos siempre han buscado un “tono de voz” distante y sobrio, justamente, que los acerque a una atmósfera de asepsia y objetividad (se diga o no la verdad, claro está). Del mismo modo que no es casual que la impronta del estilo escocés (Scotch Roman) haya sido por siglos la preferencia de los diarios y revistas, no sólo por su economía de proporciones (en sentido vertical) sino también por su robustez general (caracteres más bien anchos, contraformas interiores simples y francas) que eran más legibles en cuerpos pequeños en papel prensa y con las condiciones de reproducción de entonces. Dwiggins no hizo sino continuar esa línea, con sus famosas tipos Electra y Caledonia, aunque ambas fueron pensadas para libro (de hecho “Caledonia” es el nombre latino para Escocia). Sin embargo, las tipos de Unger que se volvieron exitosas en periódicos (Swift en primer lugar, luego Gulliver) vienen más bien a romper con el largo reinado de las escocesas, instaurando una forma “nueva”, más en sintonía con el avances técnico de las rotativas y el subsiguiente incremento en la calidad de impresión.







El estilo Unger
A pesar de su talante nórdico, gran altura y presencia, y en apariencia reservado y distante, Gerard difícilmente ocultaba sus emociones. Recuerdo cuando en el cine de la universidad pasaron Buena Vista Social Club, el celebrado documental de Wim Wenders sobre los músicos cubanos de una época olvidada, había bastante expectativa por el film y algunos alumnos habíamos ido junto a varios profes de la maestría. A todos nos movilizó mucho, pero al salir del salón me sorprendió ver a Gerard particularmente conmovido y sus ojos en lágrimas.
En otra ocasión cuando el diario USA Today había confirmado licenciar su tipo Gulliver, Gerard estaba muy contento y no reparaba en contarnos la noticia y algunos detalles. De igual modo otra vez nos confió, bastante molesto, cómo un arquitecto reconocido, refiriéndose a la anatomía de sus tipos, había dicho que “Unger se contentaba en poner y sacar serifs de las mismas letras de siempre”. Quizás las clases le servían para catalizar algunas emociones. A todos nos pasa. Enhorabuena, porque aprendimos mucho gracias a eso.
Ahora, sobre este último episodio. En realidad cualquier persona mínimamente sensible que considere todas las tipografías de Unger verá que se trata, casi siempre de un esqueleto similar, esbelto, muy consciente del espacio (como buen holandés que ha aprendido a sacarle provecho a la tierra ¡incluso ganándosela al agua!), de perfiles afilados y gran altura de minúscula (además del ya considerablemente mayor tamaño de la letra dentro del cuerpo, una característica de casi todas las tipos de Unger). Los argumentos de modulación y vestimenta varían constantemente de un diseño a otro, pero siempre se juegan sobre un esqueleto que es casi el mismo, un “esqueleto Unger”.

Con los años comprendí que había algo significativo a leer en esa estrategia de diseño de Unger: que era posible tomarse con libertad el “ropaje” de la letra (su contraste y modulación, la presencia o ausencia de serifs, la forma de las terminales), siempre y cuando la letra permaneciera fiel al esqueleto. En el caso de Unger a un esqueleto en particular, el “esqueleto Unger”, manifiesto en la totalidad de su obra, desde Demos hasta Alverata (con la clara excepción de Flora, que es una cursiva enderezada). Entonces no es que Unger no pudiera “salirse” de una fórmula repetida, como sugería aquel arquitecto, sino más bien que había encontrado “su” forma, la solución que expresaba perfectamente su propio pensamiento. Así, uno de los legados de Unger, además de su obra sin duda perenne, es haber forjado este permiso de pensar la tipografía como dualidad: de un lado el esqueleto, del otro la musculación, como dos elementos inseparables en la práctica pero individualizables en el intelecto. [^Al igual que las dualidades aristotélicas de la que todos somos hijos en Occidente: materia y forma, sustancia y accidentes, potencia y acto. Y así estamos.]
Perfección en cada curva
Otra enseñanza de diseño de Gerard se me hizo comprensible también con los años: la confianza que otorga dibujar con precisión. En los diseños de Unger la precisión es una cualidad altamente visible. No me refiero sólo al hecho de que sus caracteres están impecablemente dibujados, sino a que la precisión en sí misma se manifiesta como una característica de diseño. Ese perfeccionismo en el dibujo de letras está ligado a varios aspectos, sólo quiero referirme ahora a uno en particular. El típico ejemplo es el paso de un dibujo del papel a la pantalla. El dibujo a lápiz, que todo diseñador gusta de hacer en sus cuadernos, permite una superposición virtualmente infinita de trazos suaves, como si fueran un “coro” de varias voces. Cuando nuestros ojos ven esa superposición inevitablemente destilan una curva, que es como el promedio sugerido entre todas las curvas. Por eso los bocetos a lápiz son tan atractivos, permiten a cada persona resonar con el “solista” que le quede mejor. Sin embargo, cuando ese dibujo es transferido al entorno digital, o es trazado directamente en pantalla, la encantadora superposición desaparece y es reemplazada por una única curva, blanquinegra, binaria, fatal, que debe ser lo más perfecta y feliz posible si queremos que represente al coro del dibujo inicial.


El Norte y el Sur
Gerard era un tipo de mundo, muy consciente de las diferencias culturales, como buen holandés. El prólogo que escribió para el catálogo Lettres Françaises (compilado por Jean François Porchez, diseñado por Philippe Millot y publicado en 1998 por la ADPF y la ATypI), se titula “La frontière de la bière et du vin” (La frontera de la cerveza y del vino) y es para mí uno de sus textos más entrañables y pedagógicos: una línea diagonal divide a Europa de Norte a Sur en dos grandes regiones, la de la cerveza y la del vino. [^Richard Southall lo corregía diciendo que la línea más bien dividía la región de la cocina con mantequilla de la de la cocina con aceite de oliva.] Desde el principio esa mirada perspicaz sobre las identidades culturales en Europa me pareció quintaesencial en tipografía y me dediqué a explorar las relaciones de la tipografía con las lenguas. Gerard me hizo observaciones clave en mis escritos en Reading. [^Con los años fui encontrando núcleos históricos que definen “escuelas” tipográficas, nacionales o regionales, y armando una mirada propia de la sucesión de estilos tipográficos, que he intentado transmitir a mis alumnos a fin de darles herramientas más concretas para abordar la diversidad tipográfica. Hoy en día, en la era de las tipografías híbridas, esos paisajes estilísticos parecen lucir más desdibujados pero están presentes, y tengo la convicción de que si uno los estudia y se familiariza con ellos, la hibridación resultante será más feliz y perenne.]
Años después, la Universidad Católica de Chile, para la segunda edición de su diplomado en tipografía, invitó a Gerard como disertante internacional. Yo vivía en México por entonces y también fui convocado para participar de ese diplomado, unas semanas después de Unger. Cuando Gerard se enteró que yo también iría, propuso que el tema del simposio fuera la identidad y la lengua, y que cada uno de nosotros diera sus propias visiones como en una conversación en dos tiempos. Me sentí profundamente halagado, claro está. Gerard recordaba que ese había sido un tema favorito para mí en Reading. Unger era alguien que interactuaba realmente con los alumnos, se preocupaba por conocer tu punto de vista y tus intereses, y enseguida sugería diseños que había que observar, autores que había que consultar, artículos que había que leer.


Gerard parecía tener una relación ambivalente con los revivals o interpretaciones de modelos históricos. En una ocasión me dijo que él “prefería hacer sus propios diseños en lugar de ocuparse de los diseños de otros”, lo cual me pareció un poco estricto consigo mismo. Es claro que más allá del valor que tenga o no un “rescate” histórico en particular, es evidente que todo nuevo diseño de alfabeto siempre dialoga con el pasado. Pero en otros textos y entrevistas ha dado respuestas similares. [^Por ejemplo en la entrevista que le hizo Riccardo Olocco “The inner consistency of Gerard Unger” dice que el ha intentado hacer un rescate tipográfico “como lo ha hecho Matthew Carter” pero que no le sale, simplemente no puede hacer nada. https://articles.c-a-s-t.com/the-inner-consistency-of-gerard-unger-7a42add9e900] Sin embargo, su propio diseño Hollander es un bello intento por reflejar el estilo tradicional holandés, en clara consonancia con los principios de Jan van Krimpen y en particular con su tipo Haarlemer.


En otra oportunidad cuando le consulté a Gerard de referencias para la tipografía del siglo XVII enseguida me aconsejó el capítulo dedicado a tipografía barroca en el libro de Haiman sobre Kis. [^György Haiman, Nicholas Kis. A Hungarian punch-cutter and printer 1650-1702. San Francisco: Jack W. Stauffacher & the Grenwood press, 1983. Un libro grandioso.]
Hoy pienso que esta idea sobre cómo vincularse con el pasado parece haber ido cambiando en Gerard con el tiempo. Si se mira su trabajo en perspectiva es posible que sus años de clases en Reading lo hayan acercado a una mirada más consciente de la historia, una transformación que suele ser natural en los diseñadores gráficos: en los primeros diseños el acercamiento es más gráfico, más independiente de la caligrafía y la tradición, y a medida que la comprensión de la letra madura se suele alcanzar una visión más conciliadora con la historia. El caso de Jan Tschichold es extremo, [^Es bien conocido que Tschichold de joven edita su manifiesto de la Nueva Tipografía rompiendo “definitivamente” con los cánones tradicionales de composición tipográfica, y en su madurez “se arrepiente” de ese ímpetu juvenil y abraza la tradición de lleno, incluso hasta diseña su propia versión de la Garamond, llamada Sabon en homenaje a Jacques Sabon, asistente de fundición de Claude Garamond.] pero sin llegar a ese nivel de radicalidad, esta parece ser la tendencia habitual entre los diseñadores.
También Unger refería que, para el diseño de Capitolium, James Mosley le proveyó de referencias sobre Giovanfrancesco Cresci (Typography Papers nº 3, 1998). Siendo Mosley un erudito del Renacimiento Italiano y en particular de la obra de Cresci, esto debió implicar un fructífero intercambio para ambos. Convengamos que no es lo mismo estar solo frente a la biblioteca de la humanidad que recibir la orientación de un historiador de la talla de James Mosley. Del mismo modo Unger adquirió la costumbre de respaldar sus nuevos diseños utilizando referentes históricos. Esas búsquedas en la historia parecen haber ido adquiriendo mayor formalidad, hasta desembocar en el emprendimiento de su doctorado en la Universidad de Leyden, el cual completó en 2013. [^ La tesis se encuentra disponible en idioma holandés en el sitio de la Universidad de Leiden. En español el título de la tesis sería: Alverata. Letras europeas contemporáneas con raíces en la Edad Media. Disertación para obtener el grado de doctor en la Universidad de Leiden, 2013.] Alverata es el proyecto práctico que supuestamente refleja su exploración de las inscripciones epigráficas de la época Románica. Si bien como diseño, en lo personal, me resulta menos interesante que otras tipografías suyas que me parecen grandiosas (Gulliver, Paradox, Capitolium, Amerigo!), Alverata es inquietante porque parece integrar de una sola vez todos los intereses de Unger: la cuestión de la identidad, el diseño de una tipo contemporánea a partir de una reconciliación con la historia, el apetito por investigar y descubrir “perlas” del pasado (una suerte de músculo de Sherlock Holmes ¿quizás presente en todos los diseñadores?), la exploración estilística dentro de una sola familia (estilos regular, informal, irregular), y finalmente, también el reconocimiento académico que significa el completar un doctorado.
En su último libro (Theory of Type Design, p.37) Gerard dejó en claro su posición frente a la historia (mi traducción): “Un beneficio de conocer la historia del diseño de tipos es la posibilidad de construir sobre el pasado, trazar los desarrollos del pasado al presente y extender esto hacia el futuro. Esto se puede hacer o bien permaneciendo cerca de modelos históricos antiguos o de ejemplos recientes, o bien esforzándose por lograr la máxima originalidad en todas las condiciones que conlleva el diseño de tipos, muchas de las cuales poseen una larga historia. La originalidad de un diseño tipográfico solo puede medirse en la comparación con los anteriores y, por supuesto, con diseños contemporáneos.” [^Textualmente: “A benefit of knowing about the history of type design is the possibility to build on the past, to chart developments from past to present, and to extend this into the future. This can be done by staying close to ancient historical models or to more recent examples, or by striving for maximum originality within all the conditions entailed by type design, many of which have a long history. Th eoriginality of a type design can only be measured through comparison with earlier ones, and, of course, with contemporary designs.”] Pienso que en esta contrastación, quizás extrema, de posibles actitudes de diseño, Gerard se pensaba claramente en el segundo grupo, es decir los diseñadores que buscan la originalidad.
Sobre Jan van Krimpen
La mirada que Unger arrojaba en sus clases sobre Jan van Krimpen creo yo pinta bien la visión que él mismo tendría del oficio de diseñador de tipos. A Unger le resonaba y divertía mucho que Van Krimpen, siendo hijo de gente campesina venida de las afueras de la ciudad, ansiaba las sofisticaciones de la urbe (la historia de la humanidad) y entonces fumaba pipa, se vestía con trajes de lino y al parecer hasta engolaba su forma de hablar, pretendiendo ser de una clase social que no era la suya. Esto aparentemente le valió la indiferencia o reticencia de aquellos de quienes buscaba amistad. Mi amigo Feike de Jong me explica siempre que los holandeses no tienen tres clases sociales, como en la mayor parte del mundo, sino unas veinticuatro o veinticinco, y que en una conversación entre holandeses el lenguaje sirve rápidamente para situar el nivel socio-cultural del interlocutor.
Huellas perennes
Generalizando mucho se puede decir que hay dos grandes corrientes en el diseño holandés: una que abreva en la tradición y otra más bien rupturista, irreverente. A posteriori de la segunda guerra mundial estas tendencias se vuelven más arquetípicas. Para profundizar en esta cuestión es imprescindible el libro de Jan Middendorp Dutch Type, recientemente reeditado.
En materia de diseño de tipos, Jan van Krimpen es un eslabón clave porque integra modernismo y tradición. Es quien abre el juego atreviéndose a diseñar unas tipos respetuosas de la tradición holandesa, forjada en las primeras décadas del siglo XVII (Hendrik van den Keere, Christoffel van Dijck, el belga Nicholæs Briot, el francés Pierre Haultin), pero con un ropaje moderno, preciso, afilado, justo. Esto permite a la siguiente generación que entra a escena (Sem Hartz, Dick Doojies, Chris Brand, Gerrit Noordzij, Bram de Does, Gerard Unger) darse la libertad de imaginar una letra clara, legible, moderna, en armonía con los cambios tecnológicos (del plomo a la fotocomposición y a la era digital), pero también respetuosas de la tradición. Sobre todo en el caso de los dos últimos (De Does y Unger) esas nuevas tipos acuñarían además un gran poder de síntesis histórica, de refinamiento y personalidad propia.

Bram de Does es sin duda el más purista de todos. Para él todas las tipografías son poco menos que una versión corrompida de la romana original de Nicolás Jenson. Y por supuesto que tenía razón. Bram destilará en sus (sólo) dos tipografías, Trinité y Lexicon, la quintaesencia de la armonía entre modernidad e historia, entre sobriedad y expresión, entre rigor y humanismo. Trinité y Lexicon son las dos ferraris de la tipografía del siglo XX.
Gerard Unger, contemporáneo de Bram, adopta el camino del explorador y se permite jugar con la diversidad disponible, experimentar. Ese camino podría verse como un amplio arco que va del modernismo (cerca de un Wim Crowel, de hecho en sus inicios trabajó en el estudio de Crowel) hasta un modernismo reconciliado con la historia (más cercano a un Bram de Does). Por tanto su trabajo nos aporta más información como termómetro de los tiempos, tiene un mayor valor en términos de Zeitgheist tipográfico. Y por lo mismo no sorprende que sus diseños sean más conocidos globalmente. Eso también va de la mano de una personalidad más extrovertida y ambiciosa (en comparación con Bram que elige tomar distancia del mundo).

Bram de Does y Gerard Unger, ambas figuras centrales para entender la tipografía de los últimos 50 años, son sin duda los diseñadores de tipos más trascendentes de la escuela holandesa contemporánea. Ambos partieron de este plano recientemente, pero su obra es inmortal.
Gerard Unger será siempre un referente clave de la tipografía responsable. Un diseñador con un profundo sentido humano de la lectura, con un potente sentido de la síntesis, y también un profesor generoso y de gran inspiración.
Sintetizar la diversidad exige primero conocerla, explorarla. Unger fue un destilador singular de las formas, viejas y nuevas, de nuestro alfabeto. Al igual que un perfumista dedica su vida a destilar las infinitas fórmulas de vahos posibles, para acercarse a la esencia misma de la flor.
Río Ceballos, Córdoba, Argentina
28.11.2018
Referencias y otras lecturas
—Paul Bennet, Postscripts on Dwiggins. Nueva York: The Typohiles, 1960 (Typophile Chap Books nº 35 y 36).
—Catálogo Excoffon a la ocasión de la exposición, París: Excoffon Conseil, 1986.
—György Haiman, Nicholas Kis. A Hungarian punch-cutter and printer 1650-1702. San Francisco: Jack W. Stauffacher & the Grenwood press, 1983.
—Bruce Kennet, W. A. Dwiggins: A Life in Design, San Francisco: Letterform Archive, 2017.
—Jan Middendorp, Dutch Type, Rotterdam: 010, 2004.
—Mosley, James. “Giovan Francesco Cresci and the Baroque Letter in Rome”, en Typography Papers 6, 2005, pp. 115-155.
—Gerard Unger, “A type design for Rome and the year 2000” en Typography Papers nº 3, Reading (UK): University of Reading, 1998.
—Gerard Unger, Alverata. Hedendaagse Europese letters met wortels in de middeleeuwen. Proefschrift ter verkrijging van de graad van Doctor aan de Universiteit Leiden, 2013 (Traducción posible: Alverata. Letras europeas contemporáneas con raíces en la Edad Media. Disertación para obtener el grado de doctor en la Universidad de Leiden, 2013.)
—Gerard Unger, “Avant-propos” en Chamaret, Gineste, Morlighem, Roger Excoffon et la fonderie Olive, París: Ypsilon éditeur, 2010.
—Gerard Unger, “Experimental no. 223, a newspaper typeface, designed by W.A. Dwiggins”, Quaerendo, 9.4 (1981), pp. 302–24.
—Gerard Unger, “La frontière de la bière et du vin” en Lettres Françaises, París: ATypI y ADPF, 1998.
—Gerard Unger, “The design of a typeface” en Visible Language, 13.2 (1979), 134–49 (p. 141).
—Gerard Unger, Theory of type design, Rotterdam: nai010, 2018.
—Gerard Unger, While you’re reading, Nueva York: Mark Batty, 2007.
En internet:
https://articles.c-a-s-t.com/the-inner-consistency-of-gerard-unger-7a42add9e900
https://artjewelryforum.org/in-memoriam-marjan-unger?fbclid=IwAR1LeBivnQKzpWYFEd4_dpiAAScH42iTZxBvvhmWkHjW-10HH5mH06njoC4
https://vimeo.com/84208612 [Documental sobre Bram de Does]
http://www.gerardunger.com/